Uf, acabo de salir del curro y aún me tiemblan las piernas. Trabajo en una oficina de seguros, papeleo eterno, pero con Bart… ay, Bart. Mide 1,90, negro, puro músculo, con esa sonrisa que te deshace. Lleva meses mirándome el culo mientras revisamos expedientes. ‘Mira esto, chica’, me dice, y su mano roza la mía. Yo, que soy una puta abierta al sexo, le sigo el juego. Me encanta el riesgo, el subidón de que nos pillen.
Hoy, lunes, oficina medio vacía. Estamos solos en la sala de reuniones, apilando carpetas. Sus ojos bajan a mi falda ajustada. ‘¿Qué tal si cerramos la puerta?’, murmura, voz grave. Dudo, corazón latiendo fuerte. ‘Eh… ¿y si entra alguien?’, digo, pero ya estoy mojada. Él se levanta, echa el pestillo. Clic. Ahora es privado. Se acerca, me agarra la cintura. ‘Sabes que me vuelves loco con ese culo depilado’, susurra. ¿Cómo lo sabe? Le conté una vez, riendo, de mis sesiones de láser. Su mano sube por mi muslo. ‘Déjame ver’. Tiemblo, pero levanto la falda. Braguita tanga, lisa como la seda.
La tensión sube entre expedientes y miradas
Me besa el cuello, mordisquea. ‘Quítatela’, ordena. Obedezco, coño al aire. Él se desabrocha el pantalón. Joder, su polla… enorme, venosa, negra como el ébano, ya tiesa. ‘Arrodíllate’, dice. Me pongo de rodillas entre expedientes. La huelo, a macho. La lamo el glande, salado. ‘Así, chupa bien’. La meto en la boca, apenas cabe. Gime bajo, mano en mi pelo. ‘Eres una puta de oficina perfecta’. Chupo más hondo, garganta apretada, babeo. Él empuja, folla mi boca. ‘Para, o me corro ya’.
Me pone contra la mesa, culo en pompa. ‘Te voy a poner las nalgas rojas’. ¡Plaf! Nalgada fuerte, quema. ‘¡Ah!’. Otra, y otra. Duele rico, adoro eso. ‘¿Te gusta, zorra?’. ‘Sí… más’. Mi coño chorrea, chorretones por las piernas. Lubrica su polla con mi jugo. ‘Relájate’. Empuja. Joder, duele, estira mi ano como nunca. ‘¡Lento!’. Pero entra, centímetro a centímetro, hasta las bolas. Lleno total. Grito ahogado. Empieza a bombear, salvaje. Polla gruesa me parte, roza próstata… no, mi punto G anal. ‘¡Fóllame fuerte!’. Él acelera, plaf plaf contra mi culo rojo. Sudor, olor a sexo. Mesa tiembla, papeles vuelan. ‘Cállate o nos oyen’, gruñe, tapa mi boca. Adrenalina máxima, puerta fina, colegas fuera.
El polvo brutal y el regreso al curro
Me da la vuelta, piernas sobre hombros. Entra en coño ahora. ‘¡Joder, qué prieta!’. Folla brutal, bolas golpean clítoris. Me corro primero, squirteo como loca, moja todo. Él no para, máquina. ‘Me voy a correr dentro’. ‘¡Sí, lléname!’. Grita, jets calientes inundan mi útero. Sale, semen chorrea. Nos miramos, jadeantes.
Minutos después, él se sube pantalón. ‘Vístete, hay reunión’. Yo, piernas flojas, limpio con kleenex, falda abajo. Nalgas arden, coño palpita. Salimos, él abre puerta casual. ‘Gracias por los expedientes’, dice alto. Sonrío, profesional. Vuelvo a mi mesa, tipeo como si nada. Pero dentro… revivo cada embestida. Mañana, ¿repetimos? El curro nunca fue tan excitante.