Eh… no sé por dónde empezar. Trabajo en una oficina grande aquí en Barcelona, soy jefa de equipo, 35 tacos, soltera dura de pelar. Me flipa el curro, las responsabilidades, pero odio la rutina de mis amigas con maridos e hijos. Yo follo libre, sin ataduras, brabo el riesgo, esa adrenalina de que te pillen. El viernes pasado, tarde ya, unos 17h, estaba en mi despacho con la puerta entreabierta, revisando expedientes con Carlos, mi compañero de ventas. Alto, musculoso, casado con Laura de contabilidad. Llevamos meses con miraditas, roces ‘accidentales’ al pasar papeles. Ese día, él se acerca mucho, su mano roza mi muslo bajo la mesa. ‘Joder, Ana, estos números no cuadran’, dice, pero sus ojos van a mis tetas, apretadas en la blusa blanca. Siento el calor subiendo, mi coño se moja solo con su aliento cerca del cuello. Levanto la vista, veo a Laura pasando por el pasillo, falda negra ajustada, bas sin costura asomando. Se para, nos mira, sonrisa pícara. Entra sin llamar, cierra la puerta con pestillo. ‘¿Interrumpo algo?’, suelta riendo bajito. El corazón me late fuerte, ¿nos pillan? Pero no, el resto ya se fue temprano por el finde. Espacio privado ahora, solo nosotros tres. Carlos se pone nervioso, ‘Cariño, solo papeleo…’, pero Laura se sienta en el borde de mi mesa, cruza piernas, deja ver más. ‘Ya veo cómo miráis. ¿Queréis jugar?’. Me quedo muda, polla de Carlos ya abultando pantalón. Asiento, trago saliva. La tensión explota.
Uff, de repente todo se desata. Laura salta de la mesa, me agarra la cara y me besa, lengua dentro, salvaje. Sabe a café y menta. Carlos detrás, manos en mis tetas, aprieta pezones duros como piedras. ‘Joder, qué pechones’, gruñe. Me arrancan blusa, sujetador volando. Laura baja mi cremallera, falda al suelo, tanga empapada. ‘Mira cómo está esta puta’, dice ella, metiendo dedos en mi coño chorreante. Gimo, ‘Sí, folladme ya’. Carlos saca polla, gorda, venosa, tiesa. La chupo ansiosa, saliva goteando, bolas en mano. Laura se desnuda, tetas firmes, coño con pelito recortado. Se pone a cuatro sobre mi mesa, expedientes volando. Carlos la penetra de un empellón, ‘¡Ahhh, cabrón!’, grita ella. Yo debajo, lamiendo su clítoris hinchado mientras polla entra-sale, jugos en mi cara. Huele a sexo puro, sudor mezclado. Cambio, Carlos me folla a mí ahora, de pie contra pared. ‘Tu coño aprieta como puta’, jadea, embiste fuerte, huevos golpeando culo. Laura me besa, dedos en mi ano, ‘Relájate, guarra’. Grito placer, orgasmo subiendo. ‘No pares, joder, me corro’. Él acelera, siento venas pulsando. Laura vibra clítoris con dedos, exploto, coño contrayéndose, chorro saliendo. Carlos sale, semen caliente en tetas. Pero no acaba. Laura me empuja al sofá, monta mi cara, coño en boca. ‘Lámeme, zorra’. Sabe salado, dulce. Carlos la folla otra vez por detrás, yo lamo polla y coño juntos, glotona. Él gruñe, ‘Me voy a correr dentro’. Ella tiembla, ‘Sí, lléname’. Gimen juntos, orgasmo brutal. Semen gotea de su coño a mi lengua, lo trago todo, excitada perdida.
La tensión subiendo entre expedientes y miradas
Uf, jadeamos, sudor por todos. Minutos después, nos miramos, risa nerviosa. ‘Joder, qué pasada’, dice Carlos limpiándose polla con pañuelos. Laura se viste rápido, ‘Venga, a currar o nos pillan’. Yo recojo expedientes del suelo, tiemblo aún. Nos arreglamos, ella sale primero, guiño. Carlos me besa cuello, ‘Repetimos’. Cierro puerta, vuelvo a mesa como si nada. Mañana lunes, todo normal: cafés, reuniones. Pero bajo mesa, mano en muslo. Secreto nuestro, adrenalina eterna.