Mi polvo salvaje en la oficina: casi me pillan con el cliente millonario

Trabajo de secretaria en un bufete pijo de Madrid. Rodeada de ejecutivos con pasta, trajes caros y alianzas que brillan. Me encanta el riesgo, esa adrenalina de follar donde no se debe. Hoy te cuento lo de Javier, el cliente nuevo. Casado, con mujer trofeo y un imperio inmobiliario. Vino a revisar contratos. Yo, con mi falda ajustada y blusa escotada, solo para provocarle.

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Entró en mi despacho pequeño, apilado de dossiers. ‘María, ayúdame con estos papeles’, dijo con voz grave. Me acerqué, rozando su brazo. Olía a colonia cara y café recién hecho. Nuestras miradas se cruzaron. Sus ojos bajaron a mis tetas. Sonreí. ‘Aquí está el contrato… ¿o buscas otra cosa?’, le solté juguetona. Él carraspeó, pero no apartó la vista. La puerta estaba entreabierta, voces de compañeros al fondo. Cerré de un clic. El espacio se volvió nuestro. Privado. El corazón me latía fuerte.

La tensión sube entre papeles y miradas calientes

Se acercó más. ‘Eres una tentación, joder’, murmuró. Su mano rozó mi cadera. Dudé un segundo… ¿y si entra alguien? Pero el calor entre mis piernas ganó. ‘Shh, calla’, le dije, poniéndole un dedo en los labios. Me besó. Boca caliente, lengua ansiosa. Sabía a menta y deseo prohibido. Sus manos subieron por mi espalda, bajaron a mi culo. Lo apreté contra mí. Sentí su polla dura contra mi vientre. ‘Mierda, estás empalmado’, gemí bajito. Él rio nervioso. ‘Tú me pones así, guarra’.

Lo empujé contra el escritorio. Le desabroché el pantalón. Zipper abajo, boxer abultado. Saqué su polla gruesa, venosa. ‘Joder, qué verga más gorda’, susurré. La lamí desde la base hasta el capullo. Salado, pre-semen. Él gruñó, agarrándome el pelo. ‘Chúpamela, venga’. Me la metí en la boca, profunda. Garganta apretada, saliva chorreando. Vaivenes rápidos, bolas en mi mano. Sudor en su frente, jadeos ahogados. ‘Para… me corro’, avisó. No paré. Pero él me paró. ‘Ahora tú, zorra’.

El sexo crudo: polla en mi boca y dedos en mi coño

Me subió la falda. Bragas empapadas. ‘Mira cómo mojas por mí’. Rasgó la tela, dedo en mi coño chorreante. ‘Estás a reventar’. Dos dedos dentro, curvados en mi punto G. Gemí fuerte, mordiéndome el labio. ‘Quieta, que nos oyen’, dijo riendo. Me lamió el clítoris, lengua experta. Nariz en mis pelos, oliendo mi excitación. ‘Sabes a puta en celo’. En 69 sobre el suelo, alfombra áspera en mi espalda. Su polla en mi boca otra vez, mis jugos en su cara. Tres dedos en mi chochito, dilatándome. ‘Fóllame con la mano, sí…’. Él se meneaba, polla hinchada.

‘Voy a correrme’, avisó. Yo también. ‘En mis tetas, cabrón’. Sacó la verga, leche caliente en chorros sobre mis pechos. Yo exploté, coño contrayéndose en su boca. Temblores, sudor mezclado. ‘Joder, qué orgasmo’, jadeamos los dos. Pausa. Miradas culpables.

Rápido, nos recompusimos. Kleenex para limpiar semen y fluidos. Blusa abotonada, falda bajada. Olor a sexo flotando. Abrí la ventana, aire fresco. ‘Como si nada’, le dije. Él sonrió, corbata recta. ‘Volveré por más contratos’. Salí primero, sonriendo a compañeros. Nadie sospechó. Adrenalina pura. Corazón a mil. Ya quiero repetir.

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