Follada prohibida en la oficina: Mi polvo salvaje con el jefe

Uf, acabo de salir del curro y aún me tiemblan las piernas. Soy María, trabajo en una oficina de seguros, de esas con cubículos grises y jefes estirados. Pero mi jefe, Carlos… ay, ese cabrón me pone a mil. Alto, con esa barba de tres días y ojos que te desnudan. Llevamos semanas con esa electricidad, miradas que queman mientras clasificamos expedientes.

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Hoy ha sido la hostia. Estábamos en la sala de archivos, solos porque los demás en la pausa. Él pasa detrás de mí, rozando mi culo con su paquete. ‘Perdón, María’, dice con esa voz ronca, pero su mano se queda un segundo de más en mi cintura. Yo me giro, nuestras caras a centímetros. ‘No pasa nada, jefe’, le susurro, mordiéndome el labio. Siento su aliento caliente, huele a café y hombre. Mis pezones se endurecen bajo la blusa. Él carraspea, ‘Tenemos que revisar el informe en mi despacho’. Mi coño palpita. Sí, joder.

La tensión sube entre los expedientes

Entramos, cierra la puerta con pestillo. El espacio se hace íntimo de golpe, solo el zumbido del aire acondicionado. Se sienta en su silla, yo me apoyo en el escritorio, cruzo las piernas para que vea mis bragas negras. ‘¿Qué pasa con el informe?’, pregunto fingiendo inocencia. Él se levanta, me agarra por la nuca. ‘Tú sabes qué pasa, zorra’. Nuestras bocas chocan, besos salvajes, lenguas enredadas. Sus manos bajan mi falda, palpando mi culo desnudo. ‘Sin bragas, eh… puta caliente’. Yo gimo, ‘Sí, para ti, fóllame ya’.

Me empuja contra el escritorio, papeles vuelan. Abre mis piernas, mete dos dedos en mi coño empapado. ‘Mira cómo chorreas, María’. Los mete y saca rápido, chapoteando. Yo me agarro al borde, ‘Más, joder, hazme correrme’. Pero él para, se baja los pantalones. Su polla salta, gorda, venosa, cabezona roja. ‘Chúpamela primero’. Me arrodillo bajo el escritorio, como en mis sueños. La cojo con la mano, masturbo lenta, lamiendo el frenillo. Sabe a sudor y pre-semen. La meto en la boca, profunda, hasta la garganta. Él gruñe, ‘Joder, qué boca de puta’. Le mama las bolas, pesadas, chupando una a una. Acelero, saliva por todas partes, glande golpeando mi paladar.

El polvo intenso y el regreso al curro

No aguanta más. Me pone de pie, me dobla sobre el escritorio. ‘Voy a reventarte el coño’. Escupe en mi raja, frota la polla y empuja. Entra de golpe, llenándome hasta el fondo. ‘¡Aaaah, sííí!’, grito bajito, mordiendo mi puño. Me taladra fuerte, plaf plaf, sus huevos azotando mi clítoris. ‘Tu coño aprieta como una virgen, puta’. Yo empujo hacia atrás, ‘Fóllame más duro, rompe mi chochito’. Cambia, me da la vuelta, levanta mis piernas. Me come los pechos, mordiendo pezones duros como piedras. ‘Estos tetones son míos’. Dedo en mi culo, lo abre, mete saliva. ‘¿Quieres por el ojete?’. ‘Sí, pero ahora el coño, hazme squirt’. Acelera, mi jugo salpica el suelo. Me corro gritando, ‘¡Me vengo, joder!’. Él saca, me pone de rodillas y me empapa la cara de leche espesa, chorros calientes en la boca, tragando todo.

Jadeamos, sudados, olor a sexo por todo el despacho. Se sube los pantalones rápido. ‘Vuelve a tu sitio, como si nada’. Yo me limpio con kleenex, falda arrugada, labios hinchados. ‘Sí, jefe’, digo sonriendo pícara. Salgo, él ya teclea en el ordenador. En mi cubículo, siento el semen secándose en la piel, el coño palpitando. Nuestras miradas se cruzan por la cristalera, promesa de más. Nadie sospecha. Adrenalina pura, casi nos pillan con la secretaria pasando. Mañana… quién sabe.

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