Follada salvaje en la oficina: mi venganza con el jefe que me traicionó

Buff, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Trabajo en esta oficina de abogados en Madrid, ya sabes, el típico sitio con mesas llenas de expedientes, aire acondicionado que zumba y esa luz fluorescente que te pone la piel de gallina. Hoy volví después de unos meses fuera, despedida injustamente por culpa de él, mi ex-jefe, Pablo. Me traicionó hace años, me jodió el ascenso para quedar bien con los socios. Pero regresé, más puta y decidida que nunca. Amo el riesgo, esa adrenalina de follar donde nos pueden pillar.

Estábamos solos en la sala de reuniones, revisando el caso del cliente gordo. Papeles por todos lados, su corbata floja, yo con mi falda lápiz subida un poco, cruzando las piernas. Nuestras miradas se cruzaban… uf, como chispas. ‘María, ¿sigues tan cabrona como antes?’, me soltó con esa voz grave, fingiendo revisar un folio. Me acerqué, rozando su brazo. ‘Más, Pablo. Mucho más’. El espacio se cerró, la puerta entreabierta, voces lejanas en el pasillo. Mi coño ya palpitaba, húmedo bajo las bragas. Él carraspeó, ‘Esto es peligroso…’, pero sus ojos bajaban a mis tetas, apretadas en la blusa.

La tensión sube entre papeles y miradas

Apoyé la mano en su muslo, subiendo despacio. Senti su polla endurecerse bajo el pantalón. ‘¿Peligroso? Eso me pone cachonda’. Dudó un segundo, miró la puerta. Yo ya le desabrochaba el cinturón, el clic metálico resonando. Nos besamos con furia, lenguas enredadas, saliva mezclada, su mano en mi culo apretando fuerte. ‘Joder, María, tu boca…’. La sala olía a café rancio y a mi perfume, pero pronto a sexo. Cerró la puerta con el pie, pero no con llave. El corazón me latía en la garganta.

Le bajé los pantalones de un tirón. Su polla saltó, gruesa, venosa, la cabeza roja y brillante de precum. ‘Mírala, toda para mí’. Me arrodillé entre sus piernas, en la moqueta sucia, y la chupé hondo. Glup, glup, saliva goteando por los huevos. Él gemía bajito, ‘Para, coño, nos oirán…’. Pero me follaba la boca, cogiéndome el pelo. Levanté la vista, ojos en llamas: ‘Cállate y disfruta tu castigo’. Me puse de pie, me subí la falda, bragas a un lado. Mi coño depilado, mojado, abierto. ‘Fóllame ya, cabrón’.

El polvo brutal sin piedad

Me empotró contra la mesa, papeles volando. Su polla entró de golpe, ¡zas!, rompiendo mi entrada, estirándome hasta el fondo. ‘¡Joder, qué prieta estás!’. Embestidas brutales, plaf, plaf, mi clítoris rozando la madera. Grité bajito, mordiéndome el labio. Sudor goteando, sus huevos golpeando mi culo. Cambiamos, yo encima, cabalgándolo salvaje, tetas rebotando. ‘Más fuerte, rómpeme el coño’. Él me pellizcaba los pezones, ‘Puta, te mereces esto’. Orgasmos cerca, mi jugo chorreando por su polla. ‘Me corro, María…’. ‘Dentro, lléname de leche’. Él explotó, chorros calientes inundándome, yo temblando en espasmos, uñas en su pecho.

Jadeando, nos separamos. Semen goteando de mi coño al suelo. ‘Límpialo’, le dije riendo. Se subió los pantalones rápido, yo me arreglé la falda, blusa. Papeles por el suelo, los recogimos en silencio. ‘Vuelve al trabajo como si nada’, susurré, guiñando. Él asintió, rojo, excitado aún. Salí primera, crucé el pasillo con piernas flojas, sonrisa pícara. Él después, fingiendo normalidad. Nadie sospechó. Pero sé que mañana repetiremos. El riesgo… uf, me vuelve loca.

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