Mi polvo prohibido en la oficina con el hermano de mi jefe

¡Ay, chicas, aún tengo el coño palpitando! Trabajo en una oficina de edición en Madrid, papeleo eterno, jefes estirados… Mi jefe, Carlos, es un soso total, bajito, siempre con la nariz en los números. Pero ayer… uf, vino su hermano Fran. ¡Madre mía! Un metro noventa, cuerpo de gym, ojos verdes que te clavan, sonrisa que moja bragas. Dijo que traía unos expedientes urgentes del almacén.

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Estábamos en la sala de archivos, yo clasificando carpetas polvorientas. Él entró, ‘Hola, soy Fran, el hermano de Carlos’. Su voz grave me erizó la piel. Empecé a sudar, el aire se puso denso. Nuestras manos se rozaron al pasar una caja, eh… electricidad pura. ‘Qué calor aquí, ¿no?’, murmuró, quitándose la chaqueta. Vi sus músculos bajo la camisa. Le pillé mirándome el escote, mis tetas apretadas en el sujetador. Yo, con mi falda lápiz, crucé las piernas, sintiendo que se me humedecía el tanga.

La tensión entre carpetas y miradas calientes

Seguimos ordenando, pero las miradas… ay, cada vez más largas. ‘Eres preciosa, ¿lo sabes?’, soltó de repente, acercándose. Su aliento en mi cuello. Dudé, ‘Eh… gracias, pero tu hermano está al lado’. Se rio bajito, ‘Él no mira, yo sí’. Su mano rozó mi culo disimuladamente. El corazón me latía fuerte, adrenalina a tope por si alguien entraba. Cerró la puerta con pestillo, clic. Espacio privado. ‘No puedo más’, gemí, y nos besamos como lobos. Lenguas enredadas, saliva, manos por todas partes.

Me arrinconó contra las estanterías, pollas duras contra mi vientre. Bajó mi blusa, libere mis tetas grandes, pezones duros como piedras. ‘Joder, qué pechazos’, gruñó, chupándolos fuerte. Mordisqueaba, lamía, yo jadeaba. ‘Quieta, te voy a follar aquí mismo’. Desabroché su pantalón, ¡su polla! Gorda, venosa, glande morado hinchado, al menos 20 cm. La empuñé, no cerraba la mano. ‘Chúpamela, puta’, ordenó. Me arrodillé en el suelo sucio, tragué esa verga hasta la garganta. Tosí, babas cayendo, él me follaba la boca: ‘Sí, así, engótala toda’.

El polvo brutal e inolvidable

Me levantó la falda, arrancó el tanga. ‘Mira este coñito depilado, chorreando’. Metió dos dedos, chapoteaba. ‘Estás para comerte’. Se tiró al suelo, me sentó en su cara. Lamía mi clítoris como un loco, lengua dentro del coño, chupando jugos. ‘¡Ahhh, joder, no pares!’, gritaba bajito. Nunca me comieron así, Carlos odia el oral. Yo me tocaba las tetas, él metía lengua en mi ano. ‘Prepárate, belleza’. Me puso a cuatro patas entre carpetas, escupió en mi culo. ‘Voy a reventarte el ojete’.

Su glande presionó mi ano virgen. Dolor delicioso, ‘Despacio… ay’. Empujó, centímetro a centímetro, me llenaba el culo. ‘Qué apretado, joder, perfecto’. Empezó a bombear, cachetazos en las nalgas: ‘Me encanta tu culo de zorra’. Yo me frotaba el clítoris, polla en el culo hasta los huevos. ‘Fóllame más fuerte, Fran, ¡rompe mi culo!’. Sudor, olor a sexo, gemidos ahogados. Él gruñía: ‘Voy a correrme dentro’. Orgasmos explotaron, mi coño squirteó, él llenó mi recto de leche caliente.

Pantelantes, nos separamos. Semen goteando de mi culo, coño hinchado. ‘Vístete rápido, vuelvo al curro’, susurró riendo. Nos limpiamos con kleenex, arreglamos ropa. Abrió la puerta, aire fresco. Él salió primero, yo dos minutos después, cara de póker. Carlos: ‘¿Todo bien?’. ‘Sí, perfecto’, sonrisa inocente. Adrenalina aún, bragas rotas en el bolso. Mañana más… ¿quién sabe?

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