Uf, chicas, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Ayer en la oficina, con ese nuevo, Luis, el que llegó hace dos semanas del pueblo. Alto, con esa barba de tres días que me pone a mil, y unos ojos que te desnudan sin piedad. Trabajamos juntos en los informes financieros, encerrados en la sala de reuniones revisando dossiers interminables. El aire acondicionado zumbaba, pero yo sudaba. Sus rodillas rozaban las mías bajo la mesa, accidental, ¿eh? O no. ‘María, pasa esa carpeta’, me dice con voz grave, y su mano roza la mía. Joder, un escalofrío. Le miro, él sonríe de lado, como sabiendo lo que provoca.
Todo el día así. Miradas que se cruzan cuando el jefe no mira, su pie presionando el mío. ‘¿Estás bien? Te noto… distraída’, susurra. ‘Sí, solo… calor’, balbuceo, mordiéndome el labio. Al final del día, todos se van, pero él: ‘Quédate un rato, María, terminemos esto’. El corazón me late fuerte. La puerta se cierra, clic del pestillo. Espacio privado. Nos quedamos solos, la mesa llena de papeles, luces tenues. Se acerca, su olor a colonia y hombre me invade. ‘Sabes que te deseo desde el primer día’, murmura, su aliento en mi cuello. Dudo, ‘Luis, si nos pillan…’, pero ya su mano en mi cintura, tirando de mí. Nuestros labios chocan, beso húmedo, hambriento. Lenguas enredadas, gemidos ahogados.
La tensión sube entre papeles y miradas calientes
Me sube la falda, directo. Sus dedos ásperos en mis bragas, ya empapadas. ‘Joder, estás chorreando por mí’, gruñe. Le bajo el pantalón, su polla sale dura como piedra, gruesa, venosa. La agarro, late en mi mano. ‘Mámala’, ordena, y me arrodillo. La chupo ansiosa, saliva goteando, lengua en el glande hinchado. Él gime, ‘Sí, así, puta buena’. Me folla la boca, embiste profundo, hasta la garganta. Toseo, pero sigo, excitada por su rudeza. Me pone de pie, me dobla sobre la mesa. Papeles vuelan. Bragas a un lado, su polla roza mi coño mojado. ‘Te voy a reventar’, dice, y entra de un golpe. ¡Ay, Dios! Llena, estirándome, dolor-placer. Bombeamos fuerte, piel contra piel, slap-slap.
El clímax brutal y el regreso a la rutina
Me agarra las tetas, pellizca pezones duros. ‘Gime, pero bajo’, jadea, mientras me taladra. Cambio de posición, contra la pared, piernas alrededor de su cintura. Su polla entra más hondo, roza el punto G. ‘Me corro, Luis, joder’, susurro. Él acelera, ‘Aguanta, cabrona’. Sudor, olor a sexo, riesgo de que entre alguien. Eso me pone más. Me come el coño con dedos mientras embiste, clítoris palpitante. Exploto, coño contrayéndose, chorros de jugo. Él gruñe, ‘Toma mi leche’, y se corre dentro, caliente, espeso, llenándome. Polla pulsando, semen goteando por mis muslos.
Respiramos agitados. Se sale, beso rápido, sudoroso. ‘Ha sido… increíble’, dice limpiándose. Yo, piernas temblorosas, subo bragas, arreglo falda. Recogemos papeles revueltos. ‘Vámonos antes de que vuelva el guardia’. Sonreímos cómplices. Salimos por separado, yo al baño a limpiarme el coño lleno de su corrida. Vuelvo al escritorio, abro el Excel como si nada. Él pasa, guiño. Nadie nota. Adrenalina pura, chicas. Mañana… ¿repetimos? Uf, no sé si aguantaré la espera.