Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Trabajo en una oficina cutre de contabilidad, papeleo hasta el cuello. Mi jefe, Carlos, cincuentón calvo con ojos de depredador, siempre me mira el escote. Y mi amiga Lola, la morena explosiva del departamento de al lado, líder nata, con culo de infarto y tetas firmes. Todo empezó un lunes de calor infernal. Yo llevaba blusa semiabierta, falda ajustada, sin sujetador porque… ¿para qué? Carlos pasa por mi mesa, se para detrás, su aliento en mi nuca. Siento sus ojos clavados en mis pezones duros. ‘Elena, ven a la sala de reuniones, revisamos los dossiers’, dice con voz ronca. Lola me guiña un ojo desde lejos, sabe mi rollo con el riesgo.
Entro, cierra la puerta con llave. El clic me pone la piel de gallina. ‘Siéntate aquí, cerca’, murmura, su pierna roza la mía bajo la mesa. Huele a sudor y colonia barata. Saco los papeles, pero mis manos tiemblan. Él se acerca, su mano en mi brazo. ‘Lola dice que eres una provocadora… ¿es verdad?’, pregunta, ojos fijos en mi pecho. Dudo, eh… ‘Bueno, quizás un poco’, balbuceo, abriendo una pierna. Su mirada baja, ve mi tanga húmeda. ‘Joder, Elena, me estás poniendo la polla dura’. El corazón me late fuerte, adrenalina pura, ¿y si alguien entra? Lola nos observa por la cristalera, sonriendo maliciosa.
La tensión subiendo entre papeles y miradas
De repente, Lola irrumpe con más dossiers. ‘¿Interrumpo?’, dice inocente, pero cierra con pestillo. Carlos se pone nervioso, pero ella se sienta al lado, su mano en mi muslo. ‘Tranquilo, jefe, solo venimos a… negociar’. La tensión explota. Sus miradas se cruzan, él suda. Espacio privado total, persianas bajadas, solo nosotros tres.
Lola me besa el cuello, sus labios calientes. ‘Quítate la blusa, Elena, enséñale esas tetas’. Obedezco, pezones erectos al aire. Carlos gime, saca su polla gorda, venosa, ya tiesa. ‘Folladme, joder’, suplica. Lola se baja los pantalones, coño negro y peludo chorreando. Yo me subo la falda, tanga aparte, coño rosado abierto. Él nos agarra, dedos en mis labios vaginales, resbaladizos. ‘Estás empapada, puta’. Lola le mete la mano en los huevos, masajea. Yo me arrodillo, chupo su polla, saliva goteando, lengua en el frenillo. ‘¡Sí, así, cabrona!’, gruñe. Lola me come el coño desde atrás, lengua honda, lamiendo clítoris. Gimo, eh… ‘Me corro ya…’. Él me empuja la cabeza, folla mi boca brutal, bolas en mi barbilla.
El sexo crudo e intenso en privado
Cambio: Lola se pone a cuatro, él la penetra de un golpe, polla desapareciendo en su coño prieto. ‘¡Fóllame fuerte, viejo!’, grita ella. Yo me siento en su cara, coño en su boca. Su lengua lame mi ano, chupa jugos. Adrenalina máxima, mesa cruje, papeles vuelan. Él bombea salvaje, chapoteo de coños mojados. ‘¡Voy a reventaros!’, ruge. Lola se corre primero, chorros en su polla. Yo monto su cara, frotando clítoris, orgasmo brutal, ahogada en placer. Él explota en Lola, semen rebosando, caliente y espeso. Yo lamo el resto, sabor salado mezclado con ella.
Sudados, jadeantes. Lola se limpia con un dossier, riendo. ‘Venga, jefe, ya está’. Nos vestimos rápido, pezones aún duros marcando blusas. Él se sube el pantalón, polla flácida goteando. ‘Esto… no pasó’, murmura rojo. Salimos, yo a mi mesa, falda arrugada, coño palpitando. Lola guiña: ‘Buen curro’. Carlos pasa, mirada culpable. Seguimos tecleando como si nada, pero sonrío… la próxima, más riesgo.