Buff, acabo de salir de la oficina y aún me tiemblan las piernas. Soy Marta, 24 años, asistente en una gestoría cutre del centro. Mi jefe, Ramón, tiene 62, viudo, cuerpo atlético para su edad, siempre con esa mirada que quema. Llevamos semanas con eso… miradas cruzadas mientras archivado facturas. Hoy explotó todo.
Estábamos solos en el almacén de atrás, rebuscando expedientes polvorientos. La puerta entreabierta, pero el ruido de la impresora de delante tapaba todo. Él se agachó a por una caja, yo al lado, rozando mi culo contra su pantalón. Sentí su paquete endurecerse. ‘Marta, ¿estás bien?’, murmuró, voz ronca. Me giré, cara a cara, su aliento a café y tabaco. ‘Sí, jefe… pero hace calor aquí, ¿no?’. Nuestros ojos se clavaron, el suyo bajando a mis tetas bajo la blusa blanca, pezones duros ya.
La tensión sube con miradas y roces entre papeles
Se acercó más, su mano en mi cintura. ‘Eres una tentación, joder’. Dudé, mordiéndome el labio. ‘Ramón, nos pueden pillar…’. Pero no me aparté. Sus dedos subieron, rozando mi sujetador. El corazón me latía fuerte, adrenalina pura. Cerró la puerta con el pie, clic del pestillo. Espacio privado ya. Me empotró contra los archivadores metálicos, fríos en mi espalda. Sus labios en mi cuello, mordisqueando. ‘Quiero follarte desde que entraste aquí’, gruñó. Yo jadeaba, manos en su pecho peludo bajo la camisa. ‘Hazlo… pero rápido, que viene la jefa en diez minutos’.
Me bajó la falda de un tirón, tanga al suelo. Sus dedos gruesos en mi coño, ya chorreando. ‘Mira cómo estás de mojada, puta’. Gemí, arqueándome. Desabroché su cremallera, saqué esa polla gorda, venosa, cabezota roja hinchada. ‘Joder, qué verga más grande tienes, jefe’. La chupé un segundo, saliva goteando, pero él no aguantó. Me dio la vuelta, culo en pompa contra los cajones. Escupió en su mano, untó mi raja. ‘Voy a metértela hasta el fondo’. Empujó, polla abriéndose paso en mi coño apretado. Dolor-placer, grité bajito. ‘¡Cállate, coño!’, pero siguió embistiendo, huevos peludos chocando mis nalgas.
El polvo brutal: polla dura y coño empapado
Follaba como un animal, salvaje. Manos en mis tetas, pellizcando pezones. ‘Tu coño me aprieta la polla, Marta…’. Yo me movía atrás, clavándome más. Sudor goteando, olor a sexo y papel viejo. ‘Más fuerte, Ramón, rómpeme’. Cambió ángulo, polla rozando mi punto G, jugos salpicando muslos. Me corrí primero, espasmos, coño contrayéndose alrededor de su tronco. ‘¡Sí, métesela toda!’. Él aceleró, gruñendo. ‘Te voy a llenar de leche, zorra’. Noté su polla hincharse, chorros calientes inundando mi útero, semen espeso chorreando piernas abajo.
Se quedó quieto, jadeando en mi oreja. Sacó la polla, blanda ya, restregándola en mi culo. Limpiamos rápido con kleenex del cajón, olor a corrida impregnado. Me subí la falda, él el pantalón. ‘Vuelve al puesto, como si nada’, susurró con sonrisa pícara. Salimos por separado. Yo tecleando en mi mesa, coño palpitando, semen secándose. Él pasando papeles, guiño cómplice. Nadie notó nada. Pero sé que repetiremos… la adrenalina es adictiva.