Mamada secreta en la oficina: mi follada oral con el jefe

Trabajo en una oficina cutre del centro, papeleo hasta las tantas. Hoy, eh… con mi jefe, Carlos. Llevamos semanas con esta electricidad. Él, cuarentón cachondo, yo, la secretaria que se moja con lo prohibido. Adoro el subidón de jugárnosla aquí mismo.

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Estamos solos, luces tenues. Revisamos informes en su mesa grande. Nuestras rodillas se rozan bajo el cristal. ‘Maria, pasa esa carpeta’, dice él, pero su mirada baja a mi escote. Mi blusa blanca, ajustada, deja ver los pezones duros. Sonrío, mordiéndome el labio. ‘Sí, jefe… ¿o prefieres esto?’, susurro, abriendo un botón más. Él traga saliva, su mano roza mi muslo. El aire se espesa, huele a café rancio y a su colonia fuerte.

La tensión entre expedientes y miradas calientes

‘Ciérrala con pestillo’, me pide, voz ronca. Clic. Ahora es nuestro. El corazón me late fuerte, ¿y si entra alguien? Esa paranoia me pone a mil. Me arrodillo despacio entre sus piernas, bajo la mesa. Él se echa atrás en la silla, desabrocha el pantalón. Su polla sale tiesa, gorda, venosa. ‘Joder, Maria… hazlo’, gime.

Empiezo suave, lamiendo sus huevos peludos. Salados, calientes, se arrugan en mi lengua. Él jadea, agarra el ratón fingiendo trabajar. ‘Mmm, qué huevos tan llenos…’, murmuro, chupando uno entero. Subo por el tronco, beso el frenillo sensible. Su verga palpita, pre-semen brilla en el capullo. La envuelvo con la mano, aprieto la base. ‘¿Quieres que te la mama entera?’, pregunto, ojos en los suyos.

El clímax brutal y el regreso fingido al curro

‘Sí, coño, métetela’, responde, empujando caderas. Abro la boca, labios estirados. Despacio, la engullo. Llena mi boca, roza la garganta. Él gime bajo, ‘¡Joder, qué garganta profunda!’. Muevo la cabeza, succiono fuerte, lengua girando en el glande. Saliva chorrea, moja sus huevos. Acelero, pistonando: arriba-abajo, slurp-slurp. Sus manos en mi pelo, marcan ritmo. ‘Para, que me corro ya…’, advierte, pero no paro. Me folla la boca, brutal.

Siento sus huevos tensarse contra mi barbilla. ‘¡Ahh, mierda!’. Explota jets calientes, espeso, salado. Trago todo, glotón, lamiendo cada gota. Limpio su polla con la lengua, brillante ahora. ‘Ni una mancha en tu pantalón, jefe’, digo, guiñando.

Se sube la cremallera, yo me levanto, arreglo falda. ‘Venga, sigamos con los informes’, dice él, serio ya, como si nada. Yo cojo la carpeta, piernas temblando, coño empapado. Abro la puerta, volvemos al papeleo. Pero sé que mañana repetimos. Esa adrenalina… adictiva.

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