Trabajo en una oficina cutre, rodeada de papeles y tíos buenos. Hoy… uf, hoy fue la hostia. Nico, el chaval de veintipocos, con esa sonrisa pícara y abdominales que se marcan bajo la camisa. Aurelio, el maduro, seco y experimentado, siempre con esa mirada que te desnuda. Y Roberto, el jefe de equipo, calmado pero con una presencia que te pone la piel de gallina. Estábamos revisando expedientes en la sala de archivos, puerta cerrada… o semi. El aire ya olía a testosterona.
Nico me roza el brazo al pasar un dossier. ‘¿Estás bien, guapa?’, dice bajito, con voz ronca. Yo… eeeh, siento un cosquilleo en el estómago. Aurelio se acerca por detrás, su aliento caliente en mi cuello. ‘Estos papeles nos están poniendo calientes a todos’, murmura, y su mano roza mi culo disimuladamente. Roberto fuma un pitillo en la esquina, observándonos, con la mano en la entrepierna. No dice nada, pero su mirada… joder, quema.
La tensión sube entre los expedientes y las miradas calientes
El espacio se hace íntimo de golpe. Nico cierra la puerta del todo, clic. ‘Vamos a relajarnos un poco’, propone, desabrochándose la camisa. Veo sus pectorales firmes, sudados. Me tiemblan las piernas. Aurelio me besa el cuello, suave pero firme, presionando su paquete duro contra mis nalgas. ‘Sabes que te lo mereces’, susurra. Roberto se levanta, lento, y se acerca. Su mano en mi cara, pulgar en mis labios. Lo chupo instintivamente, mirándolo a los ojos. Uf… el corazón me late a mil. Adrenalina pura, pensando en que cualquiera puede entrar.
Ya no hay vuelta atrás. Nico se baja los pantalones primero. Su polla salta, gruesa, venosa, apuntando al techo. ‘Chúpamela, puta’, ordena con esa voz joven y mandona. Me arrodillo, saliva en la boca. La agarro con la mano derecha, tiro de la piel, lamo el frenillo lento. Sabe a hombre, salado. La meto entera, hasta la garganta, gimiendo. Aurelio detrás, me baja los vaqueros y las bragas. Siento el aire frío en el coño mojado. ‘Qué chochito más rico’, dice, metiendo dos dedos. Me corre un escalofrío.
Roberto me acaricia la nuque, bajando a los tetones. Me los aprieta, pellizca los pezones duros. ‘Eres mi reina, pero hoy te follo como a una perra’, gruñe con voz grave. Me besa, lengua profunda, mientras pompo la verga de Nico. Aurelio se unta gel en la polla, enorme, como un balón. ‘Abre el culo, zorra’. Me pone a cuatro patas sobre los expedientes. Empuja… joder, duele y mola. Entra despacio, 18 cm de grosor que me parten. ‘¡Ahhh! Más profundo’, suplico. Me embiste fuerte, plaf plaf, el culo ardiendo, jugos chorreando.
El sexo brutal: pollas en la boca y en el culo sin piedad
Nico no aguanta. ‘Me corro, trágatelo todo’. Le miro a los ojos, bombeo rápido, lengua en el glande. Explota en mi boca, leche caliente, espesa, salada. Trago, tosiendo un poco, pero excitada perdida. Roberto toma el relevo en mi boca, su polla pesada, colgante, la chupo con ganas, babeando. Aurelio me taladra el ojete sin parar, manos en mis caderas, ‘¡Qué culo más apretado, te lo rompo!’. Gimo con la polla en la boca, tetas balanceándose, sudor por todos lados.
Roberto me agarra la cabeza, folla mi garganta. ‘Buena chica’. Aurelio acelera, gruñe, ‘Me vengo dentro’. Siento su corrida caliente llenándome el culo, chorros potentes. Roberto sale, me manosea los tetones, pone imanes en los pezones… duele rico. Se corre en mi cara, leche goteando. Estoy hecha un desastre, collante, temblando de orgasmos.
Paramos jadeando. Aurelio me limpia con su pañuelo, ‘Buen trabajo, equipo’. Nico ríe, ‘Vuelve cuando quieras’. Nos vestimos rápido, olor a sexo en el aire. Roberto abre la puerta, ‘A seguir currando’. Salimos como si nada, yo con el culo palpitando, sonrisa tonta. Nadie sospecha. Mañana… ¿repetimos?