Mi polvo salvaje en la oficina con el jefe y su mujer

Me llamo Carmen, tengo 26 años y trabajo en un bufete pijo de Barcelona. Soy morena, con tetas firmes y culo redondo que no paso desapercibida. Mi jefe Pablo es un tío de 35, alto, musculoso, con ojos verdes que te desnudan. Su mujer Laura, rubia tetona, 29 años, siempre impecable. Ese viernes nos quedamos hasta tarde archivando carpetas en su despacho privado. La oficina vacía, solo el zumbido del aire acondicionado. Pablo me mira el culo mientras agacho para el archivador bajo. ‘Carmen, qué bien te queda esa falda’, dice con voz ronca. Siento el calor subiendo. Laura llega a buscarlo, entra con un vestido rojo ceñido. ‘Ayúdame con el baño, Pablo está nervioso’, me pide. Cierro la puerta. Ella se quita el vestido, queda en guêpière roja, tanga y medias negras. Sus tetas perfectas, coño depilado asomando. Le abrocho la espalda, mis dedos rozan su piel suave. Huele a vainilla. Me pongo roja, mi tanga se moja. ‘¿Te gusta?’, susurra mirándome en el espejo. Asiento, mordiéndome el labio. Pablo grita fuera: ‘¡Venga, que llegamos tarde!’ Se van, pero prometen volver pronto.

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Sola en el despacho, miro la tele en su plasma. Caigo en un canal porno, chicas en lencería. Recuerdo a Laura, mi mano sube la falda, rozo mis medias hasta el muslo. No, aquí no… pero el cajón de Laura está abierto, lleno de tesoros: encaje negro, portaligas, tanguita minúscula. El corazón me late fuerte. Me desnudo frente al espejo del baño adjunto. Mis pezones duros, coño rubio húmedo. Me pongo el portaligas, ajusto las ligas, medias nuevas finas como seda. Escarpines negros de ella, 10 cm de tacón. String diminuto, casi transparente. Me miro: puta total, lista para follar. ‘Joder, qué guapa’, murmuro.

La tensión sube entre carpetas y miradas

‘¡Sí que lo eres!’ Voz de Laura en la puerta. Me congelo. Han vuelto pronto. ‘Pablo está en la sala de juntas con champán. Ven, enséñale’. Me coge la mano, voy en lencería taconeando. Pablo se queda pasmado. ‘Hostia, Carmen… ¿mi regalo de Laura?’ Ella ríe: ‘Le va mejor que a mí, ¿no?’. Pone música, bailamos pegadas. Sus labios en mi cuello, lengua en oreja. Me besa, lengua dentro, manos en mi culo. ‘Quítame el vestido’, jadea. Lo bajo, guêpière roja, coño liso sin braga. Pablo nos mira la polla dura.

Me arranca el balconette, tetas al aire. Las masajea, pellizca pezones. ‘Chúpame el coño, Carmen’. Me arrodillo, lamo su raja húmeda, clítoris hinchado. Gime fuerte. Pablo se acerca, polla fuera, gorda venosa. ‘Mámamela’, ordena. Chupo despacio, lengua en el glande, saliva chorreando. Laura me come el coño desde atrás, dedos en mi ano. ‘Qué puta mojada’. Me corro gritando, piernas temblando. Pablo me pone a cuatro patas en el sofá de cuero. ‘Te voy a follar el culo’. Escupe, mete dedos, luego la polla. Duele al principio, ‘¡Aaaah, despacio!’, pero luego placer brutal. Me taladra, bolas golpeando. Laura se pone debajo, lame mi clítoris mientras él me abre el ojete. ‘¡Me corro, joder!’ Él eyacula dentro, caliente llenándome.

El sexo crudo e intenso sin filtros

Laura me monta la cara, coño en mi boca. La como hasta que chorrea. Pablo la folla el culo a ella, gemidos salvajes. Nos corremos las tres veces. Sudor, semen por todos lados. ‘Traga mi leche’, dice Pablo, metiéndomela en boca. Avanzo todo, salado espeso.

Son las 2 AM. Nos limpiamos rápido. ‘Vuelve al trabajo como si nada’, dice Pablo ajustándose el traje. Laura me guiña: ‘Repetimos, zorrita’. Salgo taconeando, coño palpitando, fingiendo archivar. Mañana, miradas cómplices entre dossiers. Nadie sabe el polvo épico.

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