Follada salvaje en la oficina: mi polvo prohibido con el técnico

Ay, chicas, no sabéis lo que me pasó ayer en la oficina. Estaba yo allí, currando como una mula con los expedientes. Miguel, mi compañero de al lado, eh… ese cabrón no paraba de mirarme las tetas por encima de los papeles. Sus ojos, uf, clavados en mi escote. Sentía el calor subiendo por las piernas, el coño empezando a humedecerse solo con su mirada. ‘Maria, ¿me pasas ese dossier?’, me dice con voz ronca, rozándome la mano a propósito. Joder, el roce fue eléctrico. Me mordí el labio, disimulando. El aire estaba cargado, sabes? Como si el puto office supiera que íbamos a liarla.

Todo el día así, miradas cruzadas, sonrisitas. Hasta que… la pausa para café. ‘Ven al almacén de archivos, que hay un lío con las cajas’, me suelta. Corazón a mil. Entro detrás de él, el espacio chiquitito, lleno de polvo y papeles viejos. Cierra la puerta, clic. Ya está, el espacio es nuestro. Me empuja contra los estantes, sus manos en mi culo. ‘Joder, Maria, no aguanto más’, murmura, besándome el cuello. Huelo su colonia mezclada con sudor de oficina. Le bajo la cremallera, su polla salta dura como una piedra. ‘Mira lo que me haces’, dice apretándome contra él. Yo, empapada ya, le digo: ‘Fóllame ya, Miguel, pero rápido… que nos pillan’. Sus dedos bajan mis bragas, me tocan el clítoris. ‘Estás chorreando, puta’, ríe bajito. Gimo, arqueo la espalda.

La tensión sube entre expedientes y miradas calientes

Me gira, culito en pompa contra los archivos. Siento la punta de su verga rozando mi coño mojado. ‘Entra de una puta vez’, le ruego, voz temblorosa. Empuja fuerte, ¡zas! Llena mi chochito hasta el fondo. Joder, qué grosor, me estira toda. Empieza a bombear, embestidas brutales, piel contra piel chapoteando. El estante tiembla, papeles cayendo. ‘¡Quieta, coño!’, gruñe, tapándome la boca. Yo muerdo su mano, gimiendo: ‘Más fuerte… sí, así, rómpeme’. Sudor goteando, su aliento caliente en mi oreja. Me agarra las tetas, pellizca los pezones duros. Siento su polla hinchándose dentro, palpitando. ‘Me corro, Maria… agárrate’. Eyacula caliente, chorros llenándome el útero. Yo tiemblo, orgasmo brutal, piernas flojas. Pero espera… no ha acabado.

Justo entonces, la puerta se abre. ¡El técnico del aire acondicionado! Un moreno caribeño de 25, eh… fornido, uniforme ajustado marcando paquete. Nos ve: yo abierta, semen chorreando por las piernas, Miguel jadeando. Pensé en chillar, pero… el morbo me paralizó. Él sonríe, cierra la puerta. ‘Vaya, ¿interrumpo?’, dice con acento sexy. Miguel se aparta, polla flácida. Yo, aún caliente, le miro la braga abultada. ‘No pares el servicio’, le digo, voz ronca. Se acerca, saca una polla enorme, negra, venosa. ‘A ver si esta te gusta más’, murmura. Me pone de rodillas, me la mete en la boca. Sabe a macho, salada. Chupé como loca, garganta profunda, babeando. Miguel mira, se la menea otra vez.

El polvo brutal y sin frenos en el almacén

Me levanta, me empala en su verga gigante. ‘¡Joder, qué prieta!’, gime. Me folla de pie, contra la pared, piernas alrededor de su cintura. Embiste como animal, coño ardiendo, rozando mi punto G. ‘¡Sí, negro, destrózame el chocho!’, grito bajito. Sudor mezclado, olor a sexo puro. Me corro otra vez, squirteando en su polla. Él gruñe, me llena de lefa espesa, desbordando. Miguel se une, me mete por el culo mientras. Doble penetración improvisada, dolor-placer loco. Gemidos ahogados, ‘Shhh… oficina fuera’. Eyaculan juntos, yo hecha un desastre.

Rápido, nos limpiamos con kleenex. ‘Ni una palabra’, dice el técnico guiñando. Miguel asiente. Salimos por separado, yo primero. Vuelvo al pupitre, piernas temblando, coño palpitando aún. Sonrío a las compañeras, abro Excel como si nada. Adrenalina brutal, el secreto quemándome dentro. Mañana… ¿repetimos?

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