Follada salvaje en la oficina: mi polvo prohibido con el compañero

Ay, chicas, acabo de volver del curro y aún me tiemblan las piernas. Trabajo en una oficina de Rennes, soy Jenifer, la nueva en contabilidad. Hoy, fin de jornada, Sebas, mi compañero que me echa un cable desde que llegué, me invita a su despacho a comer unas pizzas. ‘Para celebrar tu primer día’, dice con esa sonrisa pícara. Nos sentamos en el sofá viejo, cajas en las rodillas, rodeados de pilas de dossiers. El aire huele a papel y a su colonia fuerte.

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—Oye, Jen, ¿segura que no quieres compartir la mía? Esa tuya es enorme, jajaja.

La tensión que sube entre carpetas y miradas

—Sorpresa, Sebas, soy de las que se lo comen todo. Verás…

Me río, pero noto su mirada bajando a mi escote. Abro la caja, muerdo, y ¡zas!, salsa por la barbilla y una mancha en la blusa, justo en la teta. Él lo ve, se queda callado un segundo. ‘Eh… tienes salsa ahí’, murmura, señalando flojo. Bajo la vista, mierda, justo en el pezón que se marca. Me levanto rápida, voy al baño a limpiarme, pero vuelvo con la blusa húmeda, pegada a la piel.

Volvemos a comer en silencio, pero la tele de fondo no tapa la electricidad. ‘Muéstrame tu outfit para mañana, ¿no?’, dice él. Abro mi bolso, me cambio rápido en el baño: falda negra corta, blusa blanca con dos botones abiertos, chaqueta. Salgo: ‘¡Tadaaa!’. Él se sonroja. ‘Joder, vas a liarles a todos. Sexy y pro’. Me giro, siento su mirada en mi culo apretado por la falda. El despacho se siente más pequeño, la puerta entreabierta.

El polvo brutal y la vuelta al curro

Sus ojos en mi décolleté, yo nerviosa, acerco un dossier. ‘Ayúdame con esto, Sebas’. Nuestras manos se rozan, él no aparta. ‘Jen, estás… caliente hoy’. Su aliento en mi cuello. Cierro la puerta con pestillo, clic. Espacio privado ahora. Me siento en su regazo, falda sube. ‘Shh, no hagas ruido, que hay gente fuera’. Sus manos en mis muslos, subiendo. Beso sucio, lenguas enredadas, sabe a pizza y deseo.

Sus dedos meten mano bajo la falda, tocan mi tanga empapada. ‘Joder, estás chorreando’. Yo gimo bajito, desabrocho su camisa, pellizco pezones. Polla dura contra mi culo. Lo bajo del sofá, a cuatro patas sobre los dossiers. Falda arriba, tanga a un lado. ‘Fóllame ya, Sebas, pero fuerte’. Él saca la polla gruesa, venosa, la frota en mi coño mojado. Empuja, entra de golpe, me llena. ‘¡Ahhh! Sí, así’. Embestidas brutales, plaf plaf, mi clítoris palpita.

Me agarra las caderas, me da azotes en el culo rojo. ‘Tu coño aprieta como puta’. Cambio, lo monto, polla hasta el fondo, rebota mis tetas. Chupo sus huevos salados, lamo el tronco. Él me come el coño, lengua dentro, dedos en el culo. ‘Me corro, joder’. Chorros calientes en mi boca, trago todo. Luego me penetra otra vez, misionero sobre la mesa, papeles volando. Orgasmos dobles, grito ahogado, uñas en su espalda.

Sudados, jadeando. ‘Vístete rápido, Jen, que vuelven’. Me limpio con kleenex, salsa y semen mezclados. Falda baja, blusa abotonada torcida. Él se sube el pantalón, polla aún semi. ‘Como si nada’. Abro puerta, volvemos a mesas. ‘Gracias por la pizza’, digo normalita. Él guiña: ‘De nada, compañera’. Adrenalina pura, coño palpitando todo el día. Mañana más, ¿quién sabe?

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