Trabajo en una oficina en Madrid, rodeada de papeles y miradas que queman. Mi novio es compañero, y hace meses que jugamos con fantasías candaulistas. Me encanta contarle cómo me mojo pensando en otros tíos, y él se pone como una moto. Javier, el jefe, es un español moreno, alto, con esa sonrisa que dice ‘te follo ahora mismo’. Desde hace semanas, noto sus ojos en mis tetas cuando paso con los informes. Hoy… uf, hoy ha sido el día.
Llevo una falda lápiz ajustada, blusa semitransparente sin sujetador –mis pezones marcan–, y tacones que clac-clac. Mi novio me guiña el ojo desde su mesa: ‘Ve, caliéntalo’. Sonrío, coqueta. Paso por el despacho de Javier con unos dossiers. ‘Javier, ¿puedes mirarlos?’, digo, inclinándome un poco. Él levanta la vista, se queda en mis tetas. ‘Claro, pasa, siéntate’. Hablamos tonterías del curro, pero sus ojos bajan a mis piernas cruzadas. Siento el calor entre las mías. Mi novio nos ve desde fuera, y me manda un wasap: ‘Sigue, salope mía’.
La tensión sube entre los escritorios
La tensión sube. Javier se acerca, huele a colonia fuerte. ‘Estás… distraída hoy’, dice, rozando mi brazo. Dudo, muerdo labio: ‘Es… el calor, ¿no?’. Ríe bajito. Mi novio entra con una excusa: ‘Jefe, el informe’. Javier nos invita a quedarnos: ‘Tomad una copa aquí, el equipo está genial’. El despacho tiene cristal esmerillado, música suave de fondo. Nos sentamos cerca. Javier me mira fijo, yo cruzo piernas despacio, dejando ver un poco de muslo. Mi novio sonríe: ‘Maud, Javier te come con los ojos’. Yo río, nerviosa: ‘¿En serio?’. Javier: ‘No lo niego, eres fuego’.
De repente, el espacio se cierra. Mi novio me besa el cuello: ‘¿Quieres jugar, amor?’. Asiento, jadeo leve. Javier duda: ‘¿Estáis… en serio?’. Mi novio: ‘Mira cómo se pone’. Le subo la falda un poco, mis bragas ya húmedas. Javier se acerca, mano en mi rodilla. ‘Joder, qué piernas’.
Y estalla todo. Javier me besa, lengua dentro, salvaje. Mi novio me aprieta las tetas: ‘Salope, enséñale’. Me arranco la blusa, tetas al aire, pezones duros. Javier gime: ‘Hostia, qué pechos’. Me chupa uno, muerde suave. Yo: ‘Sí… así…’. Mi novio baja mis bragas: ‘Mira su coño, Javier, chorreando’. Javier mete dedos: ‘Joder, está empapada’. Gimo alto: ‘¡Fóllame ya!’.
El sexo brutal en el despacho privado
Javier se baja los pantalones, saca una polla gorda, venosa, tiesa. ‘Chúpala, puta’, dice mi novio. Me arrodillo, saliva en la boca. La lamo despacio, del freño a la base, mamándola hondo. ‘Mmm… qué rica polla’, balbuceo. Javier agarra mi pelo: ‘¡Sí, traga!’. Mi novio se saca la suya, me la mete en la otra mano. Me la como alternando, pollas duras en mi cara, saliva chorreando.
No aguanto. ‘Quiero polla dentro’. Javier se sienta en su sillón, condón puesto. Me monto encima, cara a mi novio. Su polla me abre el coño: ‘¡Aaaah, qué gruesa!’. Bajo despacio, la siento toda, golpeando el fondo. Remuevo caderas, tetas botando. ‘¿Te gusta verme follarme al jefe, amor?’, gimo. Él se pajea: ‘Sí, salope, móntalo’. Javier me agarra el culo: ‘¡Qué coño apretado!’. Subo y bajo fuerte, chap-chap de jugos. Me corro primera, temblando: ‘¡Me vengo! ¡Joder!’.
Mi novio no espera: ‘Ahora yo’. Me pongo a cuatro patas sobre el escritorio, papeles volando. Javier me la mete en la boca, aún dura. Mi novio embiste mi coño dilatado, resbaladizo: ‘Sientes su corrida dentro, ¿eh?’. Chupo a Javier, lengua en huevos. Mi novio me folla brutal: ‘¡Toma, puta de oficina!’. Me corro otra vez, gritando con la polla en garganta. Javier explota en mi boca: ‘¡Traga!’. Mi novio se corre dentro: ‘¡Toma mi leche!’.
Sudados, jadeantes. Javier me da pañuelos: ‘Joder, increíble’. Nos vestimos rápido, risas nerviosas. ‘Nadie se ha enterado’, dice mi novio. Salimos, yo con el coño goteando semen bajo la falda. Vuelvo a mi mesa, piernas temblando. Javier pasa: ‘Buen trabajo hoy’. Sonrío: ‘Gracias, jefe’. Mi novio me guiña: ‘Esta noche repetimos en casa’. El curro sigue, como si nada, pero mi coño palpita recordándolo. Uf… qué subidón.