Follada salvaje en la oficina: mi secreto con el jefe

Ay, Dios… acabo de volver a mi escritorio y aún me tiemblan las piernas. Soy Laura, trabajo en esta oficina cutre de Madrid, rodeada de montones de papeles y jefes estirados. Pero hoy… uf, hoy ha sido diferente. Todo empezó esta mañana, sobre las dos. Estaba revisando informes con Javier, mi jefe directo. Ese tío de 35, moreno, con esa sonrisa de lobo que me pone cardíaca.

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Estábamos solos en la sala de reuniones pequeña, la que nadie usa porque está al fondo. ‘Pásame el expediente azul’, me dice, y sus ojos se clavan en mis tetas. Llevo una blusa ajustada, sin sujetador, y una falda lápiz que me marca el culo. Siento su mirada quemándome. Yo le sonrío, coqueta, y me inclino para dárselo, rozando su brazo. ‘¿Algo más, jefe?’, le suelto, con voz bajita. Él carraspea, pero no aparta la vista. ‘Sí, quédate un rato más’. El aire se espesa. Nuestras rodillas se tocan bajo la mesa. Yo cruzo las piernas, pero aprieto los muslos porque ya noto mi coño húmedo.

La tensión sube entre papeles y miradas

De repente, cierra la puerta. Clic. El espacio se hace íntimo, privado. Nadie nos oye aquí atrás. Se acerca, su aliento en mi cuello. ‘Laura, me vuelves loco con esa falda’. Dudo un segundo, miro hacia la puerta. ‘Javier, y si nos pillan…’. Pero él ya me besa, urgente, lengua dentro, manos en mi cintura. Yo gimo bajito, ‘Mierda, qué ganas tenía’. Sus dedos suben por mi muslo, rozan el tanga. Estoy empapada. Él gruñe: ‘Estás chorreando, puta’. Me excita tanto el riesgo, el corazón latiéndome fuerte.

Me pone de pie, contra la mesa. Me sube la falda, ve mi culo redondo. ‘Joder, qué coñazo’. Me da una nalgada, duele rico. Yo me arqueo, ‘Fóllame ya, por favor’. Él se desabrocha los pantalones, saca la polla. Gruesa, venosa, tiesa como una barra. La frota contra mi raja, empapándola de mi jugo. ‘Mira cómo te mojas por mí’. Empuja, entra de golpe. ‘¡Aaaah!’, grito suave, mordiéndome el labio. Me llena entera, palpita dentro.

El polvo brutal sin filtros

Empieza a bombear, fuerte, salvaje. La mesa cruje, papeles vuelan. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones duros. ‘Tus ubres son perfectas, cabrona’. Yo empujo hacia atrás, ‘Más duro, rómpeme el coño’. Sudor por todos lados, su olor a hombre mezclado con mi perfume. Me gira, me sienta en la mesa, piernas abiertas. Me come el coño, lengua en el clítoris, chupando mis labios hinchados. ‘Sabes a miel, zorra’. Meto dedos en su pelo, ‘No pares, me corro…’. Exploto, jugos en su boca, temblando.

Ahora él de pie, polla en mi cara. ‘Chúpala’. La engullo, hasta la garganta, saliva goteando. ‘Joder, qué boca’. Me folla la boca, bolas en mi barbilla. Luego me tumba, piernas en sus hombros. Entra profundo, coño-paladas brutales. ‘Te voy a llenar de leche’. Yo araño su espalda, ‘Sí, córrete dentro, impregna mi útero’. Acelera, gruñe, chorros calientes inundándome. Yo me corro otra vez, contrayendo alrededor de su verga.

Uf… jadeamos, sudados. Él sale, semen chorreando por mis muslos, goteando al suelo. ‘Límpiate rápido’, dice, riendo nervioso. Yo cojo kleenex, me bajo la falda, arreglo el pelo. Él se sube los pantalones, recoge papeles. ‘Vuelve al trabajo, como si nada’. Le beso fugaz, ‘Ha sido… increíble’. Salimos por separado. Yo a mi mesa, piernas flojas, coño palpitando aún con su corrida dentro. Nadie nota nada. Sonrío al ordenador, recordando su polla. Mañana… ¿repetimos?

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