Ay, chicas, soy Laura, de Barcelona, trabajo en una oficina cutre de contabilidad en Madrid. Llevo dos años aquí, pero hace un mes llegó él, mi nuevo jefe, Pablo. Alto, moreno, con esa sonrisa que te moja las bragas al instante. Al principio, profesional, ¿sabes? Pero… uf, las miradas. Cada vez que pasábamos carpetas, sus ojos se clavaban en mis tetas, yo notaba su polla medio dura rozando mi culo al agacharme. ‘Joder, Laura, estos números no cuadran’, decía, y su aliento caliente en mi cuello. Yo… me mordía el labio, sentía el coño palpitando.
Hoy fue el colmo. Reunión hasta tarde, solos en la sala de archivos. La oficina vacía, solo el zumbido del aire acondicionado. ‘Pablo, mira este informe…’, le digo, inclinándome sobre la mesa. Él se acerca por detrás, su mano roza mi cintura. ‘Sí, pero tú estás distraída’, murmura, y su polla ya dura contra mi falda. Me giro, lo miro… dios, sus ojos verdes como fuego. ‘¿Distraída? ¿Por ti?’, susurro, con la voz temblorosa. Nos quedamos quietos, el aire espeso. Su mano sube por mi muslo, bajo las bragas… ‘Estás empapada, puta’, dice bajito. Yo gimo, ‘Shh, nos pueden oír…’. El espacio se cierra, la puerta entreabierta, el riesgo me pone a mil.
La tensión sube entre carpetas y miradas
No aguantamos más. Me empuja contra la mesa, arranca mi blusa, mis tetas saltan libres. ‘Joder, qué pechos tan duros’, gruñe, chupando un pezón mientras mete dos dedos en mi coño chorreante. ‘¡Ah, Pablo, sí!’, jadeo, clavándole las uñas. Le bajo los pantalones de un tirón, su polla gorda, venosa, salta fuera. La agarro, masturbo fuerte, ‘Fóllame ya, cabrón’. Me da la vuelta, falda arriba, bragas a un lado. Escupe en mi raja y empuja, de un golpe hasta el fondo. ‘¡Puta madre, qué coño tan apretado!’, ruge, follándome como un animal. Yo me agarro a la mesa, papeles volando, ‘Más duro, rómpeme el chocho’. Sus huevos chocan contra mi clítoris, chapoteo húmedo, sudamos. Me mete la mano en la boca, ‘Chupa, zorra’, mientras me taladra. Cambio de posición, me sube a la mesa, piernas abiertas, me come el coño con la lengua, lamiendo mi culo. ‘Sabe a puta en celo’, dice. Vuelvo a cabalgarlo, su polla entra y sale, mis jugos por sus muslos. ‘Me corro, joder’, grito bajito, temblando, él eyacula dentro, chorros calientes llenándome.
Uf… nos miramos, jadeando. ‘Hostia, ha sido… brutal’, dice él, besándome. Nos limpiamos rápido con kleenex, sudados, oliendo a sexo. Me bajo la falda, abrocho la blusa. ‘Venga, a currar, que mañana hay reunión’, digo riendo nerviosa. Él asiente, ‘Como si nada’. Salimos, luces apagadas, corazón a mil por si alguien nos pilla. Mañana, más miradas… y quién sabe. La adrenalina, chicas, es lo mejor del curro prohibido.