Era sábado por la tarde, principios de julio. El calor pegajoso invadía la oficina, pero estaba casi vacía, todos de vacaciones. Quedamos mi compañero Marcos y yo para revisar unos dossiers pendientes. Caminábamos por el pasillo, charlando de tonterías de la semana. Lo miré… Vestía una camisa blanca ajustada, pantalones que marcaban su paquete. Yo llevaba una falda ligera hasta las rodillas, blusa roja suelta, nada debajo, como me gusta. Sentía sus ojos en mis tetas, en mi culo. Sonreí, pícaro. ‘¿Qué miras tanto, eh?’, le dije bajito.
Nos cruzamos con un par de compañeros rezagados, que me miraban descarados. Marcos se puso celoso, me agarró la cintura, me pegó a él. Su mano rozó mi cadera, calor subiendo. ‘Ven, vamos a la sala de reuniones’, murmuró. Entramos, cerramos la puerta, pero no del todo. Dos mesas grandes, archivos por todos lados. Nos sentamos juntos, mirando fotos de un proyecto en su móvil. Nuestras piernas se tocaron. Su perfume me mareaba. El corazón me latía fuerte. ‘Quiero fotos tuyas aquí’, dijo él, voz ronca. Me besó el cuello, suave. Me levanté, posé glamour, sonriendo. Luz filtrándose por las persianas, perfecto.
La tensión sube entre los escritorios
Empecé inocente, mano en el pelo, labios entreabiertos. Luego me subí la blusa, mostrando el ombligo. Su mirada ardía. Subí más, tetas al aire, pezones duros. Clic, clic. ‘Nada bajo la falda, como te mola’, susurré, abriendo rodillas despacio. La falda caía, insinuando mi coño depilado. Se arrodilló, cámara en mano. ‘Más arriba la falda’. La subí poquito a poco, muslos al aire. ‘Para. Saca las tetas otra vez’. Ahí estaba, abierta, tetas libres, coño casi visible. Fotos, más fotos. Se acercó, besó mi boca, lengua dentro, mordiendo labios.
Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones. Gemí bajito. ‘Más fuerte, quiero oírte’. ‘Pero… y si alguien entra…’. ‘Que vean qué puta caliente eres’. Me abrí más, culo al borde de la mesa. Sus dedos subieron por muslos, rozando mi coño húmedo. Pulgares en labios mayores, masajeando. Besos en cuello. Se arrodilló entre mis piernas, lengua lamiendo interior de muslos. Olía mi excitación. Lengüetazo en el clítoris, me estremecí. ‘Joder, qué rico’. Metió un dedo en mi coño chorreante, luego dos. Me lo dio a chupar, sabor a mi propia leche. ‘Sabe a puta en celo’.
El polvo crudo y el clímax prohibido
Voz lejana fuera, gente pasando. ‘Sigue, porfa…’. ‘Quietos, pero no pares’. Me tapó la boca con besos, dedo en coño acelerando. Oí pasos, adrenalina pura. Gemí más, él susurrando: ‘Gime, que sepan que hay una zorra gozando’. Me corrí fuerte, cuerpo temblando, coño apretando su dedo. ‘Fóllame ya’. Desabrochó pantalón, sacó la polla dura, gorda. Me la metí, él embistió de golpe. ‘Qué coño tan apretado’. Me follaba brutal, tetas rebotando, mesa crujiendo. ‘Me voy a correr otra vez…’. Eyaculó dentro, caliente, yo con él, gritito ahogado.
Quedamos jadeando, su semen chorreando por mis muslos. Me limpió con lengua, chupando restos. ‘Eres una guarra perfecta’. Nos vestimos rápido, sonrisas cómplices. ‘Vuelta al curro, como si nada’. Salimos, revisamos dossiers serios. Pero bajo la mesa, su pie rozaba mi coño aún sensible. Adrenalina total, quiero más.