Mi follada salvaje con el jefe en la oficina: el culo virgen que le ofrecí

Trabajo en una pequeña empresa, soy Ana, 20 años recién cumplidos. Mi jefe, Marc, tiene 34, serio, atractivo a su manera. Todo empezó aquel agosto de calor infernal. Llegué con mi amiga preguntando por él, sudada, en shorts cortos. Me miró como si fuera una cría, pero sus ojos se clavaron en mis tetas. Eh… me reí, le guiñé un ojo. ‘¿En qué puedo ayudarte?’, dijo seco. Le invité a cambiarse, olía a jabón y hombre.

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Me pilló fuerte. Volví sola para el stage de mi BTS. Nerviosa, manos atrás, ‘¿Me aceptas?’. No pudo decir que no. Primer día, llegué tarde, 9:20. Vestida con un vestido tubo beige, ajustado, marcando mi tanga y sujetador. Sus secretarias rieron bajito. Él, glacial: ‘No más retrasos’. Me miró las piernas, tragué saliva.

La tensión sube entre carpetas y miradas ardientes

Durante semanas, frío como hielo. Yo lo provocaba: me ponía faldas cortas, me dejaba recoger por tíos diferentes, besuqueos delante de su ventana. Nada. Hizo falta el segundo stage, mayo. Llegué puntual, misma falda, pero sin bragas debajo, piernas desnudas, pezones duros contra la tela. Sus ojos bajaron directo a mi entrepierna. Calor subiendo.

Martes, secretarias se van a las 18. Entro en su despacho. ‘¡Me tratas como mierda! ¿Por qué eres tan cabrón?’. Apoyo manos en su mesa, tetas casi saliendo. Él, serio: ‘Eres una cría sin educación. Demasiado joven’. Me pongo tiesa, ojos brillantes. ‘Enséñame entonces. Lo que sea’. Silencio eterno. Su voz grave: ‘¿Quieres que te eduque?’. ‘Sí, joder’. Manos atrás, como buena chica.

‘Desde hoy, medias con liguero. Sin bragas. Ráspate el coño. Mañana verifico’. Me voy temblando, chochito húmedo. Esa noche me afeité todo, liso como bebé. Al día siguiente, falda al tobillo pero sin nada debajo, solo medias autofijantes. Se nota: pezones tiesos, coño expuesto si me agacho.

18:10, entro. Ojos en los suyos. ‘Levanta la falda. Muéstrame si estás rasurada’. Respiro hondo, eh… manos a muslos, subo despacio el tejido. Aparecen las medias negras, tops de muslos, mi coño lampiño reluciente de jugos. ‘¿Así te gusta?’, digo ronca. Él traga: ‘Mañana faldas por encima de la rodilla. Vete’.

El polvo brutal: lengua en mi culo y coño empapado

Al día sig, falda midi-cuisses, liguero asomando, top escotado. 18:10, entro de nuevo. ‘¿Y ahora?’. Se levanta, pasa detrás, roza mi culo. Respiro agitado. ‘Inclínate sobre la mesa, cabeza en brazos’. Obedezco, piernas abiertas instintivamente, culo al aire cuando me sube la falda. Sus manos en rodillas, suben. Huelo mi propia humedad.

‘¡Ecarte las nalgas!’. Manos atrás, abro mi culo virgen. Lengua en mi ano… ¡joder! Tiemblo, piernas flojas, pero me sujeta. Lamida salvaje, saliva chorreando en mi culito apretado. Gimo fuerte, ‘¡Ahhh, sí!’. Mano derecha en mi clítoris hinchado, frota duro. Grito, orgasmo brutal, coño chorreando.

Me empuja de nuevo, lengua ahora en mi coño empapado. Me come entera, labios, clítoris, entro. Varios polvos seguidos, no para, yo jadeo ‘¡Más, joder, no pares!’. Huele a sexo puro, sudor, mi culo reluciente. Casi 20h, ‘Vete’. Me enderezo temblando, falda abajo, beso rápido. ‘Mañana más’.

Salgo, piernas flojas. Secretarias ya fuera. Mañana actúo normal: archivos, cafés. Él, serio como siempre. Nadie nota nada, pero mi coño palpita recordando su lengua en mi culo. Adrenalina máxima, casi pillados. Quiero más prohibido.

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