Trabajo en una oficina cutre del centro, de secretaria. Mi jefe, un tío de unos cuarenta, casado, pero con esa mirada que te come viva. Ayer por la tarde, estábamos solos revisando expedientes. El aire estaba cargado, ¿sabes? Yo con mi falda ajustada, él sudando un poco bajo la camisa. ‘Mira este dossier, Ana’, me dice, acercándose demasiado. Siento su aliento en mi cuello. Nuestras manos se rozan al pasar las hojas. Levanto la vista y ahí están sus ojos, fijos en mis tetas. Sonrío, mordiéndome el labio. ‘¿Qué pasa, jefe? ¿Te distraigo?’, le suelto, juguetona. Él carraspea, pero no se aparta. ‘Eres una tentación, joder’. El corazón me late fuerte. Sé que la puerta está entreabierta, colegas fuera. Pero eso me pone más. Le toco el paquete por encima del pantalón, disimulando con un expediente. Está duro ya. ‘Ven, vamos a mi despacho’, murmura, y cierra la puerta con llave. Clic. Ahora sí, espacio nuestro. Me empuja contra la mesa, manos en mi culo. ‘Llevo semanas soñando con esto’, dice, besándome el cuello. Yo gimo bajito, ‘Fóllame, pero rápido, que nos pillan’. Sus dedos suben mi falda, bajan las bragas. Huele a papel viejo y a su colonia fuerte. Me mojo solo de pensarlo.
Ya en su despacho, no hay vuelta atrás. Me pone de rodillas. ‘Chúpamela, puta’. Desabrocho su cremallera, saco esa polla gorda, venosa. No es enorme, pero gruesa, perfecta para mi boca. La lamo desde la base, saliva chorreando. ‘Mmm, qué rica’, dice él, agarrándome el pelo. La meto entera, garganta profunda, gimiendo. Sabe a sudor del día, excitante. Se la como con hambre, bolas en la mano, masajeando. ‘Para, o me corro ya’. Me levanto, me quito la blusa, tetas al aire. Él me dobla sobre la mesa, expedientes volando. ‘Quiero tu culo, Ana. ¿Me lo das?’. ‘Sí, joder, métemela por el ojete’. Escupe en mi ano, un dedo, dos. Duele un poco, pero me excita el ardor. Saco lubricante de mi bolso –siempre preparada–. Se pone condón, chorrea gel. Me abre las nalgas. ‘Relájate, zorra’. Empuja. La punta entra, estiro. ‘¡Ay, despacio!’. Pero sigo, cambrándome. Entra toda, llena mi culo. Empieza a bombear, lento al principio. Siento cada vena rozando dentro, el roce brutal. ‘¡Qué coño de culo tan apretado!’, gruñe. Acelera, palmadas en las nalgas. Yo ahogo gemidos, ‘¡Fóllame más fuerte, cabrón! Soy tu puta de oficina’. La mesa cruje, papeles por el suelo. Su polla me taladra, próstata no, pero el placer anal me vuelve loca. Sudor goteando, olor a sexo crudo. Me corro sin tocarme, chorro en la mesa. Él sigue, ‘¡Me vengo!’. Se corre dentro del condón, temblando. Sale, jadeando.
La tensión sube con los expedientes y las miradas
Nos quedamos un segundo, respirando agitados. ‘Joder, qué pasada’, dice él, limpiándose. Yo me subo las bragas, culo ardiendo, semen virtual goteando. ‘Vístete rápido’, susurro. Recogemos papeles, enderezamos la mesa. Abre la puerta, cara de póker. Salgo, sonrío a los colegas como si nada. ‘Ya acabamos los dossiers’. Él asiente, serio. Pero en la mirada, complicidad. Todo el día con el culo sensible, recordando cada embestida. Mañana, ¿repetimos? El riesgo me flipa.