Aún me late el corazón fuerte, eh… Acabo de salir de la oficina y tengo que contártelo. Era jueves, tarde calurosa, el aire acondicionado apenas tiraba. Yo en mi escritorio, apilando expedientes, sudando un poco bajo la blusa. Carlos, mi jefe, pasa por detrás, rozándome el hombro con su mano. ‘Buenas tardes, Marta’, dice con esa voz grave. Le miro de reojo, sus ojos clavados en mis tetas, que se marcan contra la tela fina. Sonrío, cruzo las piernas, siento mi coño ya un poco húmedo. Él se queda ahí, fingiendo revisar papeles, pero su aliento me calienta el cuello.
Todo el día así, miradas cruzadas en las reuniones. Sus dedos rozando los míos al pasarme un dossier. ‘Necesito que me ayudes con esto en la sala de archivos’, me susurra al oído, su boca tan cerca que huelo su colonia mezclada con sudor masculino. El pulso se me acelera, la oficina llena de gente tecleando, pero yo asiento, mordiéndome el labio. Caminamos por el pasillo, coqueteamos con los ojos. Entramos, cierra la puerta con llave. El clic resuena como un disparo. Espacio privado, al fin. Estanterías altas, olor a papel viejo y polvo. Me empuja contra la pared, sus labios aplastando los míos. Beso salvaje, lenguas enredadas, saliva. Sus manos bajan mi falda, palpando mi culo. ‘Joder, Marta, estás empapada’, gruñe, metiendo dedos en mi tanga. Gimo bajito, eh… no pares.
La tensión sube entre expedientes y miradas
Me gira, me sube a la mesa llena de carpetas que caen al suelo. Le desabrocho la camisa, pelo del pecho áspero bajo mis uñas. Bajo la cremallera, su polla salta dura, venosa, enorme, goteando pre-semen. ‘Mira qué verga tengo para ti’, dice jadeando. La agarro, masturbo fuerte, él gime. Me arrodillo, la chupo profunda, lengua en el glande, bolas en la mano. Sabe salado, masculino. Él me agarra el pelo, folla mi boca: ‘Trágatela, puta de oficina’. Me levanto, él me arranca la blusa, tetas libres, pezones duros. Me lame uno, muerde, duele rico. Me tumba en la mesa, piernas abiertas, coño expuesto, labios hinchados, clítoris palpitando.
El polvo intenso y la vuelta al curro
‘Voy a reventarte el coño’, promete, frotando su polla en mi raja mojada. Entra de un empujón, llena todo, me parte. Grito ahogado: ‘¡Sí, joder, más hondo!’. Embiste brutal, mesa cruje, papeles vuelan. Sudor gotea de su frente a mis tetas. Cambio posición, yo encima, cabalgo su verga, tetas botando, él las agarra, pellizca pezones. ‘Tu coño aprieta como una virgen’, jadea. Le araño el pecho, acelero: ‘Fóllame fuerte, jefe, dame tu leche’. Él me voltea a cuatro patas, contra la estantería, me azota el culo rojo. Dedos en mi ano, masajea, mete saliva. ‘Te voy a follar el culo después’. Polla de nuevo en coño, pistonea salvaje, bolas chocan en mi clítoris. Siento el orgasmo venir, coño contrae: ‘¡Me corro, joder!’. Tiemblo, chorros de jugo en su polla. Él no para, gruñe: ‘Ahora te lleno’. Se corre dentro, semen caliente inundando, chorros potentes. Colapso, piernas temblando.
Respiro agitada, él sale, semen chorrea por mi muslo. Nos miramos, risas nerviosas. ‘Límpiate rápido’, dice limpiándose la polla con mi tanga. Me visto a toda prisa, falda arrugada, blusa mal abotonada. Recogemos papeles desperdigados. Abre la puerta, aire fresco del pasillo. Salimos, él va a su despacho: ‘Marta, envíame ese informe para las 5’. ‘Sí, jefe’, respondo profesional, coño aún palpitando, semen goteando en mis bragas. Vuelvo a mi sitio, tecleo como si nada, pero sonrío recordando su polla. Nadie sospecha, adrenalina pura. Mañana más.