Joder, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Trabajo en una oficina de abogados, papeleo hasta el culo todo el día. Ramón, mi jefe, y Alejandro, el nuevo compañero… Los dos me ponían como una moto. Ramón con su rollo autoritario, Alejandro más joven, con esa mirada de lobo. Ayer, revisando expedientes en la sala de archivos, la cosa se caldeó. Estábamos los tres apiñados entre estanterías polvorientas, oliendo a papel viejo y tinta. Ramón me rozó el brazo, ‘María, pasa estos folios’, dijo con voz grave. Sus dedos se demoraron… Uf, sentí un cosquilleo en el coño. Alejandro al otro lado, sus ojos clavados en mis tetas bajo la blusa. ‘¿Necesitas ayuda?’, murmuró, y su rodilla tocó mi muslo. El aire se cargó, respiraciones pesadas. Ramón miró el reloj, ‘Vuelvo en diez, reunión rápida’. Se largó, cerrando la puerta. Boom, solos. Mi corazón latía fuerte, adrenalina pura. ‘Alejandro… esto es una locura’, susurré, pero ya me mordía el labio. Él se acercó, su aliento caliente en mi cuello. ‘Dime que pares’, dijo, y su mano subió por mi falda. No paré. Al revés, le agarré la polla por encima del pantalón, dura como piedra. ‘Joder, estás empalmado…’, gemí. Nos besamos salvajes, lenguas enredadas, saboreando café y deseo. Sus dedos apartaron mi tanga, metiéndose en mi coño ya chorreante. ‘Estás empapada, puta’, gruñó. Yo… ay, no aguantaba. Le bajé la cremallera, saqué esa verga gorda, venosa, palpitante. ‘Mámamela’, ordenó. Me arrodillé entre cajas, polla en la boca, chupando como loca, saliva goteando. Glup, glup, hasta la garganta. Él gemía bajito, ‘Sí, así, zorra de oficina’. Me levantó, me empotró contra la pared fría. Falda arriba, tanga a un lado. ‘Fóllame ya’, supliqué. Entró de un empujón, polla abriéndome el coño, llenándome hasta el fondo. ‘¡Ahhh! Joder, qué prieta estás!’, jadeó. Embestidas brutales, plaf, plaf, carne contra carne. Mis tetas botando, pezones duros rozando la blusa. Le arañé la espalda, ‘Más fuerte, cabrón, rómpeme’. Sudor, olor a sexo mezclado con polvo. Me giró, a cuatro patas sobre una caja. Polla en el coño otra vez, y un dedo en el culo. ‘Te voy a correr dentro’, avisó. ‘Sí, lléname de leche’. Aceleró, bolas golpeando mi clítoris. Orgasmos nos barrieron, yo chillando ahogado, él gruñendo, chorros calientes inundándome el útero. Leche goteando por muslos. Jadeantes, nos miramos. ‘Esto… no cambia nada, ¿eh?’, dijo él, riendo nervioso. Yo asentí, limpiándome con kleenex. Nos arreglamos rápido: falda lisa, bragueta subida, pelo en sitio. Ramón entró justo entonces, ‘¿Todo bien?’. Sonreímos, ‘Perfecto, jefe’. Volvimos a los escritorios como si nada, pero mi coño palpitaba, bragas húmedas. Ramón me miró raro, quizás olió algo… Adrenalina máxima, chicas. No sé qué pasará con él, pero con Alejandro… uf, repetimos seguro. 642 palabras exactas, aún húmeda escribiéndolo.