Follada Prohibida en la Oficina: Mi Encuentro Lésbico con la Compañera de Trabajo

Trabajo en una oficina cutre, rodeada de papeles y jefes pesados. Soy morena, con gafas rojas que me hacen parecer la lista del grupo. Tengo 25 años y… bueno, soy una puta abierta al sexo, sobre todo lo prohibido. Me encanta el riesgo, esa adrenalina de que te pillen follando en el curro. Hoy te cuento lo que pasó con Laura, la nueva del marketing. Alta, rubia, con esa sonrisa que me pone la entrepierna a mil.

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Estábamos clasificando expedientes en la sala de archivos, solos al fin. El aire olía a tinta y café rancio. Nuestros brazos se rozaban cada dos por tres. ‘Perdón’, murmuró ella, pero su mano se quedó un segundo de más en mi cintura. La miré, ojos marrones clavados en los suyos verdes. Sentí el calor subiendo por mi coño. ‘No pasa nada… eh…’, balbuceé, notando cómo mis pezones se endurecían bajo la blusa. Ella se mordió el labio, y joder, su perfume dulce me mareaba. ‘Hace calor aquí, ¿no?’, dijo, abanicándose la camisa, dejando ver un trozo de sujetador negro. Mi clítoris palpitaba ya, húmeda como una zorra.

La tensión sube entre papeles y miradas

De repente, cerró la puerta con pestillo. ‘Nadie viene a esta hora’, susurró, acercándose. Su aliento en mi cuello. Dudé un segundo, corazón a mil. ‘¿Qué haces?’, pregunté, pero ya le estaba tocando el culo por encima de la falda. ‘Shhh, solo un rato…’, respondió ella, besándome el cuello. Nos pegamos, tetas contra tetas. Le subí la falda, palpando sus bragas empapadas. ‘Estás chorreando’, le dije al oído, metiendo un dedo por el elástico. Ella gimió bajito, ‘Sí, joder, desde que te vi esta mañana’. El espacio era nuestro, pero oíamos voces lejanas. Pura adrenalina.

No aguanté más. La empujé contra la mesa de archivos, le arranqué las bragas. Su coño depilado, rosado y jugoso, brillaba de cyprine. ‘Lámeme, por favor…’, suplicó, abriendo las piernas. Me arrodillé, inhalando su olor almizclado, a hembra en celo. Saqué la lengua y ataqué su clítoris hinchado, chupándolo como una perra hambrienta. ‘¡Ohhh, dios!’, gritó ella, tapándose la boca. Lamía fuerte, sorbiendo sus labios mayores, metiendo la lengua dentro de su agujero caliente. Sabía salado, dulce, adictivo. Sus jugos me chorreaban por la barbilla.

El clímax brutal y el regreso al curro

Ella me agarró del pelo, follando mi cara. ‘Más profundo, cabrona…’. Le metí dos dedos en el coño, curvándolos contra su punto G. Chapoteaba, el sonido obsceno en la sala. Sudábamos, el olor a sexo lo llenaba todo. ‘Ahora tú’, jadeó, tirándome al suelo. Me quitó los pantalones y las bragas de un tirón. Mi coño peludo, empapado, expuesto. ‘Qué puta guarra’, murmuró, antes de clavarme la lengua en el clítoris. Gemí alto, ‘¡Cuidado, nos oyen!’. Pero no paró, me comía el chocho con furia, mordisqueando mis labia. Metí su cabeza más adentro, cabalgando su boca.

Nos pusimos en 69 sobre los papeles revueltos. Su culo en mi cara, perfecto. Le abrí las nalgas y lamí su ano rosado, sabroso. ‘¡Joder, qué rico!’, aulló ella, mientras me metía tres dedos en el coño y chupaba mi clítoris. Sentía su lengua girando, sus dientes rozando. Mi orgasmo vino brutal: ‘¡Me corro, la hostia!’. Squirté en su boca, chorros calientes que la empaparon. Ella también explotó, su coño contrayéndose alrededor de mis dedos, gritando ahogada. Sudor, saliva, fluidos por todas partes. Temblábamos, jadeando.

Pasados unos minutos, nos miramos, riendo nerviosas. ‘Vístete rápido’, dije, limpiándome la cara con una toalla de papel. Ella se puso las bragas chorreantes, yo me subí los pantalones con el coño aún palpitante. Arreglamos los expedientes como pudimos. ‘Como si nada’, susurró, guiñándome el ojo. Salimos, caras serias, de vuelta a las mesas. El jefe pasó, ni se enteró. Pero yo sentía su sabor en la boca todo el día, y el morbo de volver a follar en el curro. ¿Repetimos pronto?

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