Trabajo en una oficina de seguros, ya sabes, papeles por todos lados, aire acondicionado que no enfría lo suficiente. Ese día, julio pasado, estaba con Miguel, el contable. Cinquenta y pico, barrigón, no es un Adonis, pero tiene esa mirada… perversa. Estábamos revisando expedientes viejos en la sala de archivos, al fondo del pasillo. Puertas cerradas, pero no con llave. El corazón me latía fuerte solo de pensarlo.
Al principio, todo normal. ‘Pásame ese dossier, por favor’, me dice. Yo se lo doy, rozando su mano. Él sonríe, un poco torpe. ‘Hace calor aquí, ¿no?’, murmura. Yo asiento, sudando. Empezamos a charlar tonterías, de la jefa, del verano. Pero sus ojos bajan a mis tetas, apretadas en la blusa. Me muerdo el labio. ‘¿Quieres agua?’, pregunto. Él niega con la cabeza, se acerca más. Entre las estanterías altas, nadie nos ve. El espacio se cierra, huele a papel viejo y su colonia barata.
La tensión subiendo entre expedientes y miradas
Siento su aliento en mi cuello. No digo nada. Él duda, ‘Carmen, ¿estás bien?’. ‘Sí… solo…’. Su mano roza mi cadera. Me quedo quieta, como congelada. La adrenalina me sube, ¿y si entra alguien? Eso me pone más. Él se anima, me aprieta el culo por encima de la falda. ‘Joder, qué buena estás’, susurra. Yo gimo bajito, ‘Shh, Miguel…’. Su otra mano sube a mi pecho, amasa. Mis pezones se endurecen al instante. Le miro a los ojos, hambrienta. ‘Aquí no…’, digo, pero no me muevo. Él me besa el cuello, salado de sudor. El pasillo está vacío, pero oigo voces lejanas. Pura locura.
Nos metemos más adentro, entre cajas polvorientas. Ahora sí, privado. Él me empuja contra la pared, su barriga contra mi vientre. ‘Quiero verte’, dice. Desabrocho dos botones, mis tetas saltan. Él jadea, las chupa. ‘Mmm, qué ricas’. Yo le bajo la cremallera, palpo su polla. Media tiesa, gorda como él. ‘¿Primera vez aquí?’, pregunto riendo. ‘Calla y chúpamela’, gruñe. Me arrodillo en el suelo sucio, el corazón a mil.
El polvo brutal sin filtro en el archivo
Abro la boca, la meto. Salada, con gusto a sudor del día. Al principio, torpe, voy y vengo despacio. ‘Así, guapa, más hondo’, me guía. Pienso en cómo se la chupo a mi novio, pero esto es… prohibido. Le masajeo las huevos con una mano, pesadas. Su polla crece, se pone dura como piedra. ‘Joder, qué buena boca’, gime. Chupo fuerte, saliva chorreando. Él me agarra el pelo, folla mi boca. ‘Me voy a correr…’. Dudo un segundo, ¿tragar? La excitación gana. ‘Dame todo’, balbuceo. Bombeó más rápido, lengua en la punta. Siente su polla palpitar, chorro caliente en la garganta. Trago, amargo, espeso. No está mal, joder.
Se corre todo, tiembla. Yo estoy empapada, coño chorreando. Él se recompone, me pone de pie. ‘Tu turno’. Me baja las bragas, mete dedos en mi coño. ‘Qué mojada, puta’. Me dobla, me come el culo un poco, lengua húmeda. Dos dedos dentro, frotando el clítoris. Gimo alto, ‘¡Sí, así!’. Me corro rápido, piernas temblando, chorro en su mano. ‘Bruta’, ríe.
Respiramos agitados. Nos subimos la ropa a toda prisa. ‘Vámonos antes que nos pillen’, digo limpiándome la boca. Él asiente, cara roja. Salimos por separado. Yo vuelvo al escritorio, piernas flojas, sonrisa tonta. Él pasa después, guiño. Nadie nota nada. Todo normal: emails, café. Pero dentro, revivo el sabor de su corrida. Quiero más, pero… ¿tendré huevos la próxima?